Diamante Centenario

Diamante Centenario
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Diamante Centenario, Las gemas o piedras preciosas han sido una de las cosas que más han atraído y encantado a las personas y sin duda alguna una de las más atractivas son los diamantes. Pero ¿por qué?, puede ser por su brillo inigualable o sus características físicas;

Diamante Centenario

ya que una de sus principales características es su dureza, de allí precisamente proviene su nombre ya que etimológicamente la palabra diamante significa inalterable, y por supuesto en especial su belleza en comparación al resto de las piedras preciosas hasta ahora conocidas como por ejemplo el rubí, el jade, la esmeralda, ámbar, etc.

Los Diamantes, ¿Qué son?

Los diamantes son carbono puro en estado sólido, que debe atravesar un proceso de temperaturas y presiones extremas dentro del manto terrestre, y que a lo largo de miles de millones años se transforma en esta preciosa gema.

Su proceso de extracción es casi tan complicado como la formación misma del diamante, requiere de logística y de maquinaria pesada, calificada y especializada en este proceso de minería y que además viene acompañado de grandes explosiones controladas para partir la roca del subsuelo, proceso que a veces daña irreparablemente a algunos diamantes.

Es virtualmente imposible que el hombre pueda acceder al manto de la Tierra, ya que este se encuentra a mucha profundidad debajo de las mismísimas placas tectónicas que conforman la corteza terrestre, en donde existe una capa o franja líquida y plástica de magma que se encuentra en constante movimiento de corrientes de convección las cuales son las responsables del movimiento tectónico de placas, causante principal de la separación de protocontinente Pangea, en los 6 continentes que hoy conocemos, además de provocar el vulcanismo magmático en la superficie, y los movimientos sísmicos.

La extracción del diamante

Ahora bien, como se puede minar el diamante siendo que se encuentra a tanta profundidad, pues bien, la respuesta es el vulcanismo.

Los volcanes generalmente son grandes montañas en forma de conos que poseen un conducto muy profundo y cuyo origen es el manto, en donde se produce la presión de gases suficiente como para expulsar el magma a la superficie y entre otras cosas el diamante.

Si se pudiera observar el manto inferior desde dentro posiblemente veríamos venas interminables de diamantes incrustados en la roca que se esparcen en todas direcciones; sin embargo, su extracción está limitado a procesos geológicos que lo acerquen a la superficie y de esta manera el ser humano pueda extraerlos, comercializarlos y disfrutar de ellos.

Alrededor del mundo existen muchas minas de diamantes, pero gran parte de ellas, de las más importantes se encuentran en el Continente Africano, más específicamente hacia los países al sur de este. Algo paradójico tomando en cuenta que este es el continente con la tasa de pobreza más alta en el mundo, y es que estas minas en su mayoría pertenecen a corporaciones multinacionales o extranjeras que explotan el mineral en suelo africano, en donde los nativos generalmente hacen vida como trabajadores u obreros de las mismas.

El Centenario, El Diamante corazón

En julio del año 1986, en la Mina Premier (ubicada en Transvaal, Sudáfrica), se encontró un diamante con un peso en bruto de 599,10 quilates el cual fue bautizado con el nombre de Diamante Centenario con motivo del centenario de la compañía DeBeers, responsable de bautizar a la gema.

Fue Gabi Tolkowsky, junto con un reducido equipo, el encargado de tallarlo, tarea que tardó aproximadamente 3 años sin embargo, su trabajo lo convirtió en el diamante más moderno, perfecto y de mayor tamaño del mundo. El primer paso consistió en el pulido del Diamante Centenario haciendo la eliminación a mano de 20 quilates del diamante para darle la primera forma, esta parte del proceso es muy delicado, por ende tomó 154 días.

Después de esta primera etapa, Tolkowsky y sus ayudantes crearon 13 bocetos de posibles cortes y fueron presentados a la junta de De Beers, que finalmente seleccionó una forma de corazón modificado para el Diamante Centenario. El corte final, duró cerca de un año, y quedó con forma de corazón y dos diamantes adicionales que salieron de los cortes, con forma de pera respectivamente.

Cuenta con 247 facetas, 164 de ellas de la piedra y 83 en su faja, y pesa 273,85 quilates lo que lo convierte en el tercero más grande del mundo después del Cullinam y el Constellation; ambos encontrados en una mina, propiedad de una empresa canadiense encargada de la producción de diamantes de alta calidad, ubicada en Botswana, cerca de la frontera con Sudáfrica. Los cuales alcanzaron un peso de 1.100 quilates y 819 quilates respectivamente, y casi tan grandes en su estado bruto como una pelota de tenis.

¿Qué hay de especial en el centenario?


El Diamante Centenario es especial debido a que es un diamante de 273.85 quilates con corte brillante en forma de corazón, incoloro. El instituto gemológico GIA lo clasificó con el grado D (el más alto), sin imperfecciones internas o externas.

El primer trabajo de desbaste se hizo a mano en lugar de láser, para evitar efectos de calentamiento potencialmente dañinos para la estructura interna. Se eligió una forma de corazón para la gema final, pero sin ranura.

Se pensó que esta forma era particularmente adecuada para decorar el turbante de un sultán o un maharajá. El corte se completó en febrero de 1991. Los cortadores presentaron a De Beers una joya espléndida con un peso final de aproximadamente 55 gramos y 247 facetas, con unas dimensiones de aproximadamente 40 x 50 x 24 mm.

La moda exclusiva y eterna del Diamante

Los diamantes grandes y perfectos se han usado a lo largo de los años en muchas ocasiones para la decoración de coronas reales, artículos de la monarquía, o simplemente para lucirse junto a celebridades. Marilyn Monroe decía que los diamantes eran ” los mejores amigos de las mujeres ” y para Shirley Bassey ” los diamantes son eternos”. Estas dos canciones populares modernas muestran la fascinación que esta piedra ha ejercido siempre.

Los mitos y realidades asociados al diamante trascienden las culturas y los continentes. Griegos, Indios, Ingleses, Franceses, Alemanes, Hebreos, Latinos, Arabes, Japoneses, Americanos, Africanos, Coreanos, Poloneses y Chinos han descrito, entre otros, los poderes de esta gema. La primera referencia conocida remonta a un manuscrito sánscrito, el Arthsastra, que se puede traducir como ” la Lección del Provecho”, escrito por Kautilya, un ministro de Chandragupta de la Dinastía Maurya (322 a.C.-185 a.C.).

La literatura romana del primer siglo de nuestra era hace referencia a los diamantes procedentes de los aluviones encontrados en la India y en Borneo.

Los antiguos griegos y romanos los consideraban lágrimas de los dioses o destellos de estrellas y pensaban que las flechas de Cupido se terminaban por diamantes, teniendo así un poder inigualable. Platón consideraba a los diamantes como seres vivos que contenían espíritus celestes. En fin, podemos ver en estas referencias culturales antiguas que de alguna u otra manera los diamantes fascinan a la humanidad y de hecho, lo mismo ha sucedido con el Diamante corazón Centenario.

Y… ¿Donde está hoy el Corazón Centenario?

Sin embargo, según algunos informes, el Diamante Centenario se habría vendido en junio de 2008, pero, De Beers se ha negado a confirmar o desmentir los rumores; lo que quiere decir que actualmente se desconoce su dueño y su paradero, medidas ya tomadas anteriormente en transacciones de diamantes de altísimo valor, en donde la identidad del comprador se mantiene en “top secret” por medidas de seguridad.

Solo en algunas excepciones se puede saber exactamente donde se encuentra un diamante así después de la venta, como es el caso del diamante Orlov de 300 quilates el cual pertenece a la colección de diamantes del Kremlin en Rusia. Se dice que este diamante fue utilizado como el ojo de la estatua Sri Ranganatha, deidad a la que se había consagrado el templo de Srirangam en el sur de la India antes de ser robado en 1700 por un desertor francés.

El francés se fue a Madrás y se lo vendió a un capitán de un barco Inglés por 2,000 libras. Cuando la piedra llegó a Amsterdam el ruso Grigori Orloff lo compró por 90,000 libras y se lo regaló a Catalina la Grande quien lo colocó en el cetro imperial.

Otro caso es el Diamante Koh-i-Noor. El nombre de este diamante de 105,60 quilates significa “Montaña de Luz” y su historia se remonta a 1304. El diamante fue capturado por los rajas de Malwa en el siglo XVI, pero cuando el imperio Persa se desintegró el diamante fue trasladado a India.

De ahí pasó a las manos de Nadir Shan pero cuando este fue asesinado el diamante fue ofrecido a Ranjit Singh de Punjab. Al final, la Compañía de las Indias Orientales se lo presentó a la Reina Victoria. Hoy se encuentra en la Torre de Londres con las otras joyas de la corona.

El diamante el Regente de 140,50 quilates fue descubierto en la India en 1698 y fue adquirido por Thomas Pitt, gobernador de Madrás. En 1717, el Regente fue comprado por la Corona Francesa y a partir de ahí fue utilizado como adornos en diferentes coronas y espadas. Hoy en día puede ser visto en el Museo Louvre.

Pero en el caso del Diamante Centenario, al día de hoy se desconoce su paradero, pero su belleza, sus características, su perfección y su altísimo valor sin duda dejan en claro que Si de corazones se trata, ninguno como el Corazón Centenario.